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miércoles, 15 de junio de 2022

¿Qué pensaba Plejánov sobre la irrupción de Bernstein, sus pretensiones y el apoyo que recibía de los detractores del marxismo?

«Lo mismo podría decirse del libro del señor Bernstein: todo en él es disparate y sonido de palabras huecas, pero precisamente es esta variedad la que induce a melancólicas reflexiones en el atento lector. En todo lo referente a cuestiones teóricas, el señor Bernstein se muestra el más débil entre los débiles. ¿De qué manera ha podido ocupar en el curso de muchos años uno de los puestos teóricos más conspicuos dentro del partido? Habría que meditar sobre ello. Y no es fácil encontrar una respuesta que nos deje tranquilos. Otra cuestión no menos importante: según el señor Bernstein tan sólo subsisten unos débiles vestigios del socialismo. En verdad, Bernstein está mucho más cerca de los partidarios pequeño burgueses de las «reformas sociales» que de los socialdemócratas revolucionarios. A pesar de esto, sigue siendo un «camarada» y nadie le ha pedido que se vaya del partido. Esto se explica, en parte, por una errónea actitud hacia la libertad de opinión, muy difundida a la sazón entre los socialdemócratas. Ellos dicen: «¿Cómo es posible expulsar a un hombre del partido por culpa de sus opiniones? Esto equivale a una persecución por herejía». Las personas que razonan de este modo olvidan que la «libertad de opinión» debe realizarse siempre a través de la libertad de asociación y de disolución, y que esta última libertad no existe cuando un prejuicio fuerza a marchar juntas a personas que deberían estar separadas debido a sus divergencias. Este razonamiento erróneo explica de manera parcial el hecho de que el señor Bernstein no ha sido expulsado del Partido Socialdemócrata alemán. No lo ha sido, porque sus nuevos puntos de vista son compartidos por un número considerable de otros socialdemócratas. Por causas que no podemos analizar detenidamente en este artículo, el oportunismo ha ganado muchos seguidores en las filas de la socialdemocracia en varios países. Y en esta difusión del oportunismo radica el mayor peligro entre todos los que nos amenazan en la actualidad. Los socialdemócratas que han seguido fieles al espíritu revolucionario del programa partidario –y afortunadamente casi en todas partes constituyen mayoría– cometerían un error insalvable si no tomaran a tiempo medidas decisivas para combatir este peligro. El señor Bernstein, aislado, no sólo no inspira temores sino que es francamente cómico, un personaje que muestra una desopilante semejanza con el filosófico Sancho Panza. Pero el espíritu del «bernsteinismo» es aterrador como síntoma de una posible claudicación. (...) La pésima traducción del lamentable libro del señor Bernstein ya ha tenido dos ediciones «legales». Probablemente no tardará mucho tiempo en salir la tercera. No hay de qué asombrarse. Cualquier «crítica» del marxismo o parodia del mismo –siempre que esté imbuida del espíritu burgués– halagará indefectiblemente a ese sector de nuestros marxistas legales que representa la parodia burguesa del marxismo». (Gueorgui Plejánov; Cant contra Kant o el legado espiritual del señor Bernstein, 1901) 

domingo, 7 de marzo de 2021

¿Vivimos en un patriarcado?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Con el feminismo como factor aglutinador, surgen diversos movimientos socio-políticos y filosóficos que se han convertido en moda, logrando imponer sus debates y terminología a la sociedad. «Hetero-patriarcado», «micromachismos», «cultura de la violación», «brecha salarial», «techo de cristal», «violencia de género», «espacios seguros» son términos que a todos nos resultan conocidos, sepamos o no sobre feminismo. El contenido que tienen todos estos conceptos o la connotación que le agrega el feminismo desde su lógica dan como resultado la inoculación de toda una serie de perjuicios y confusiones ideológicas entre la población, y esto, como ocurre con toda corriente de moda, acaba afectando también a los elementos que, a priori, gozan de una mayor formación política, los sectores más conscientes de la población. Esta situación, salvando las distancias, es reminiscente a la de los años 60, momento en que el maoísmo era tendencia en universidades, tertulias y movimientos políticos. Claro que, después de la sucesión de escándalos y grandes polémicas ideológicas, el maoísmo perdió suficiente vigor como para seguir captando la atención en general –y, sobre todo, para engañar a las capas más avanzadas–. Pero lo valiente era haberlo combatido cuando sus picos de popularidad estaban en alza, cuando, podemos decir, era la corriente mayoritaria entre algunos movimientos políticos de la población. Lo mismo ocurre con el feminismo. Por eso es hoy, y no mañana, cuando toca combatir a esta ideología.

El feminismo centra su discurso en el «patriarcado». Pero, al igual que muchos antifascistas con el «fascismo», o muchos nacionalistas con la «nación», no saben de lo que hablan, no tienen una definición científica, empíricamente constatable y de fácil comprensión para el público general. Lo único que hacen es lanzar fórmulas abstractas y místicas, conceptos producidos en masa e introducidos a toda prisa, como ocurriría en la cadena de montaje de una fábrica donde se trabaja a destajo. Esta falta de formación ideológica que tienen los miembros de estos movimientos es notable. Y la verdad es que no podemos esperar menos, porque en las organizaciones políticas, se centren en lo que se centren –nacionalismo, feminismo, reformismo, anarquismo, o todo ello a la vez–, lo que exigen aquí los «directores de producción» –los jefes de estas organizaciones– es poner en circulación rápidamente «mercancías» que inunden rápidamente el mercado, aunque no sean de calidad. Por eso no se preocupan de sus prestaciones –que en este caso sería la formación y desempeño del militante medio frente al público consumidor–. ¡Qué le vamos a hacer! Así operan ellos, es su naturaleza pequeño burguesa. Piensan que si no producen y lanzan tal «producto» en cadena –el militante incapacitado para toda tarea seria de agitación y propaganda– otro producto de la competencia –un militante de otra organización– será comprado y fidelizado por el consumidor –el público no politizado– en el mercado de las ideas políticas. La falta de originalidad y la precariedad de su producto merma sus ganancias, hace que el público no fidelizado siga comprando su mismo producto de siempre sin interesarse por el suyo –por ejemplo, la feminista sigue siendo feminista porque no ve nada atractivo en el antifeminismo que le ofrecen–, todo porque estos «artesanos» de la política no saben explicar las bonanzas y ventajas de su artículo si es que las tuviese –que en el caso de estos movimientos es algo dudoso–. De hecho, estos cuentistas son famosos por la «publicidad engañosa» hacia los trabajadores, y su confusión de ideas vendría a ser una «obsolescencia programada» que les condena a la ruina y escisión continua.

Mucha gente nacida en los años 80, a falta de un partido marxista-leninista que pusiera los puntos sobre las íes, se ha tragado sin problemas los diversos mitos cocinados desde las instituciones políticas y las universidades burguesas. Aquí tenemos de todo. Está, por ejemplo, el famoso discurso que asegura que «el feminismo no tiene nada que ver con una lucha de sexos», sino que defiende «la igualdad de hombres y mujeres». Otros, pese a considerar al feminismo como una rama «transversal» en lo político-filosófico, piensan seriamente que sus intereses multiclasistas y su eclecticismo ideológico son perfectamente conjugables con los lineamientos fundamentales tan definidos que tiene el marxismo. Los hay que plantean que «las marxistas del siglo XIX eran las feministas de hoy», adoptando el famoso «feminismo de clase» en el que funden feminismo y marxismo como si se tratase de una misma cosa. Por último, existen los oportunistas que conocen sobradamente que «feminismo y marxismo tienen diferencias irreconciliables», pero opinan que «es imposible ganar la batalla cultural» al feminismo y, por tanto, deberíamos plegarnos ante sus términos y no enfrentarlo frontalmente pudiendo así ganarnos mejor la atención de sus huestes. ¿Es todo esto cierto estas concepciones o estrategias respecto al feminismo? La respuesta corta es no. La respuesta larga la tiene el lector en el documento que brindamos a continuación.

Concepción espiritual y juegos de palabras idealistas para justificar el «sistema patriarcal»

Comencemos con cómo describía una antropóloga feminista al supuesto «patriarcado» que hoy regiría España:

«La universalización del «yo» masculino es uno de los fundamentos de la dominación patriarcal. Su masculinidad hegemónica afirma su objetividad. El hombre se presenta como término neutro, objetivo, sujeto universal fagocitando a la mujer. En el proceso de formación de dicho orden, el hombre ha construido un mundo narcisista creado a su propia imagen. (...) El concepto de virilidad y el linaje entronca con el concepto de «Honor» versus «Virginidad en la mujer». La mayoría de crímenes contra la mujer tienen este origen. Un problema actual y universal como son el maltrato a las mujeres y los crímenes de «honor» no se resolverán definitivamente sin extirpar antes la raíz del núcleo que lo genera. (...) A través de las «supervivencias culturales» esta subordinación de las mujeres se ve como natural y se torna, por tanto, invisible». (Dolors Reguant; Explicación abreviada del patriarcado, 2014)

¿«Honor», «linajes», «virtud de la virginidad»? Reguant de verdad cree que la sociedad actual sigue correspondiéndose con la del cantar del Mío Cid. Esto es solo una pequeña muestra de las propuestas del feminismo. En España, los partidos políticos Unidas Podemos, PSOE, BNG, Bildu, CUP y también gran parte de las pequeñas organizaciones pseudomarxistas –los revisionistas– sostienen la idea de que existe un sistema «patriarcal» que se sustenta de «forma estructural». Ahora, resulta bastante cómico que sean incapaces de demostrarlo apoyándose en leyes, instituciones jurídicas, ni declaraciones del gobierno –pues la mayoría simpatizan y miman al movimiento feminista–, con lo cual esta declaración no deja de ser una mera expresión vacía, un acto de fe idealista y voluntarista, casi similar a las tesis «conspiranoicas» sobre las sociedades secretas que controlan el sistema desde las sombras.

martes, 19 de enero de 2021

¡Los oportunistas al rescate del «gobierno del cambio»!; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Como pudimos comprobar en entregas anteriores [*], en el tema educativo tampoco debemos engañarnos. El creciente desprestigio de la educación pública –desde la educación infantil hasta las universidades– se ha hecho patente estos últimos años y demuestra que deja mucho que desear por varios motivos, pues no todo depende de la mala gestión y la falta de financiación, sino que los problemas son mucho más profundos. 

Pero, para la «izquierda light» señalar la verdadera raíz de estos defectos en la educación, sobre todo cuando gobierna el PSOE-Podemos –como ocurre ahora–, es motivo automático de condena, significa «hacerle el juego a la derecha», ya que, para algunos, pareciese que no contemplasen la existencia real de problemas serios de funcionamiento. Otros, sabedores de que es necio intentar tapar estas deficiencias, tratan de convencernos que estos fallos de la institución educativa transcurren por cauces ajenos a cómo está estructurada la propia educación pública burguesa. Resultaría que nosotros estaríamos equivocados en los motivos, puesto que «¡la culpa es del anterior gobierno de la derecha!» o en su defecto, «¡del saboteo que se ejerce contra el gobierno progresista!». A los que se creen esta pantomima deberíamos preguntarles: ¿y vuestros grandes líderes no sabían qué país iban a heredar al llegar al poder? ¿Qué medidas contundentes han tomado en consecuencia? 

Sería inútil debatir todo esto con los jefecillos del reformismo. Simplemente cada uno cumple su función. Por eso, podemos encontrar casos de organizaciones que con su populismo característico defienden con ahínco, por ejemplo, la «actual programación escolar», razonando que esto debe ser así porque debemos confiar en el «criterio y profesionalidad de los actuales docentes». Así, pues:

«Las actividades complementarias están incluidas en la programación que los centros, previa consulta de los consejos escolares, se aprueban y estas son obligatorias y evaluables. Y contra ellas no existe objeción de conciencia. Confiamos en el criterio y la profesionalidad de los docentes y consideramos inadmisible que se les censure en su ejercicio docente». (Manifiesto por la eliminación del pin parental en la región de Murcia; Firman 103 colectivos, 17 de enero de 2019)

¿Sí? ¿Seguro? ¿También confiáis en el Ministerio de Educación y los consejos escolares manipulados por los burócratas y aburguesados de siempre? ¿En las reputadas «instituciones universitarias» y «revistas especializadas» que aceptan tesis posmodernas sobre la verdad y el conocimiento científico? ¿De verdad os resultan fiables los ahora tan de moda «estudios de género»? ¿Depositáis vuestra confianza en los profesores que se valen de su puesto para vender sus libros a sus alumnos a precios de escándalo? ¿En las universidades que estafan a las familias con cursos de mística idealista para «niños telépatas» como hace la UNED? Esto muestra que quienes firman este documento no son muy honestos ni imparciales. Son tan cortos de miras que creen apoyar un modelo progresista por defender la educación pública en abstracto, incluso a costa de ocultar sus evidentes limitaciones y fallos.

Estos manifiestos para «la defensa y mejora de la educación» vienen a ser impulsados por los mismos charlatanes «revolucionarios» que, en los años 80, tragaban sin masticar todas las enseñanzas de filosofía e historia que recibían de las universidades. Fueron aquellos que buscaron hacer «entrismo» en el PSOE «para presionarle a cumplir los anhelos populares». Poco después, parece ser que les pilló de sorpresa darse cuenta de que no tenían capacidad real de cambiar nada, y que el gobierno de Felipe González no solo no cumplió su programa electoral –ya de por sí insuficiente para atender las necesidades de la población–, sino que atacó las pensiones, la educación y la sanidad. España asistió a uno de los periodos de huelgas, protestas y mayor conflictividad social. Pese a la ofensiva «neoliberal» del PSOE en los años 80, los ilusos de siempre volvieron a depositar sus esperanzas en el «progresista y renovador» Zapatero, aunque tras la crisis de 2008 volvieron a quedar retratados. ¿A la tercera va la vencida? En 2014 algunos de los elementos descontentos con el PSOE y otros nuevos se subieron al carro del «fenómeno morado» para apoyar a Pablo Iglesias con Podemos. Este venía con un programa muy similar al de Felipe González. ¿Y bien? Una vez más los reformistas se dieron de bruces contra la realidad. 

Pese a lo que dice la historia, la labor de los partidos «constitucionales» de todo signo político es convencernos de que su objetivo es impulsar una educación pública, laica, universal, de calidad y científica… ¡bueno y ahora también feminista!

«El cabeza de lista de Podemos al Congreso de los Diputados por la provincia de Ciudad Real, Juan Pablo Wert, ha avanzado que si llega a la Cámara Baja trabajará desde el Grupo Parlamentario de la formación morada por una reforma educativa «que no se haga de espaldas a la comunidad», ya que «es algo demasiado serio como para dejarlo solo en manos de los políticos», y apostará por que traiga una educación «laica, gratuita y de calidad». (Periódico CLM; «Apostaré desde Podemos por una educación laica, gratuita y de calidad», 10 de diciembre de 2015)

Precioso. Nuestra pregunta es, ¿es una propuesta de verdad o será como «no cogobernar con el partido de la casta y la cal viva», la «salida de la OTAN», «eliminar la carta magna monárquica del régimen del 78», «juzgar los crímenes del franquismo», la «derogación de la reforma laboral», «investigar los fraudes y negocios turbios del rey», «garantizar el pleno empleo», «apoyar el derecho de autodeterminación», «parar los desahucios y reducir el precio de los alquileres», o introducir el «impuesto a los ricos»? Parece ser que a Podemos ni en el gobierno nacional ni en sus «ayuntamientos del cambio» les ha ido muy bien –razón por la que los ha ido perdiendo con una sangría de votos y alcaldías cada vez mayor–. Véase la obra: «Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas» de 2017.

Señoras y señores... cuando te engañan una vez eres un crédulo, cuando lo hacen dos veces eres un colaborador consciente y formas parte de la pantomima.

martes, 1 de diciembre de 2020

El reemplazo de la revolución por la lucha de reformas sociales

Imagen del Xº Congreso del Partido Comunista Italiano de 1962

«La dirección del Partido Comunista Italiano (PCI) habla mucho de las «reformas de estructura», considerándolas como el medio más eficaz para la transformación de la sociedad italiana en las condiciones actuales. Entre estas reformas figuran las reivindicaciones para el aumento de los salarios y para reducción de jornada laboral, la creación de comisiones de fábricas y su uso para ejercer un control sobre su actividad económica y productiva, la implementación de la reforma agraria, la nacionalización de los grandes monopolios, etc. ¿Cuál es la naturaleza de estas reformas? La posición de los dirigentes del PCI sobre esta cuestión es contradictoria. De una parte, dicen que estas reformas tienen un carácter democrático general. Por lo tanto, en su discurso en Moscú, Toglitatti dijo:

«Nosotros comprendemos perfectamente que estas reivindicaciones no son socialistas, sino que son en el fondo, unas reivindicaciones democráticas de carácter progresista». (Palmiro Toglitatti; Discurso pronunciado ante los militantes de base del partido de la cuidad de Moscú, 27 de junio de 1960)

Mientras que por otro lado, dicen que la aplicación de estas reformas es la vía que conduce al socialismo. En el informe: «La vía italiana al socialismo», del 24 de junio de 1956, refiriéndose al programa de estas reformas, Togliatti decía:

«Un movimiento que nosotros podríamos orientar y dirigir en el sentido de estas reivindicaciones y de estas reformas es ciertamente un movimiento hacia el socialismo». (Palmiro Togliatti; Informe presentado en la sesión plenaria del Comité Central del Partido Comunista Italiano, 24 de junio de 1956)

Los dirigentes del PCI se esfuerzan por justificar estas contradicciones refiriéndose a las afirmaciones de Lenin, a saber, que entre la democracia y el socialismo no hay una muralla china, utilizando pues, como argumento el enlace existente entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo. Bien entendido, esta es una tesis justa, pero hay que considerarla de modo dialéctico y no unilateral. Todo el asunto reside aquí en que sólo se destaca manera unilateral la conexión entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo, pero no se dice nada en que se distinguen las dos luchas, ya que, como hacen ellos, limitan la lucha por el socialismo a la lucha por la democracia. Pero esto significa, de hecho, permanecer en el cuadro del orden existente capitalista.

jueves, 8 de octubre de 2020

El desarrollo de la lucha de clases en el Estado moderno según Bebel


«El desarrollo de la sociedad ha tomado un ritmo extraordinariamente rápido durante los últimos decenios en todos los países civilizados, ritmo que acelera aún más todo progreso en cualquier ámbito de la actividad humana. Por eso, nuestras relaciones sociales se hallan en un estado de inquietud, fermentación y disolución jamás conocido antes.

Las clases dominantes ya no sienten ningún suelo firme bajo los pies, y las instituciones van perdiendo cada vez más solidez para oponerse al asaltado que se les hace de todas partes. Un sentimiento de malestar, de inseguridad y de descontento se ha apoderado de todos los círculos, tanto de los más altos como de los más bajos. Los esfuerzos convulsivos que hacen las clases dominantes para poner fin con chapuzas y remiendos a este estado insoportable para ellos, resultan vanos por insuficientes. La creciente inseguridad nacida de ellos aumenta su intranquilidad y malestar. Apenas han colocado una viga en la casa ruinosa en forma de cualquier ley, descubren que necesitan poner otra en otros diez puntos más. Además, continuamente están luchando entre sí y con graves diferencias de opinión. Lo que a un partido le parece necesario para tranquilizar y conciliar a las masas cada vez más descontentas, le parece a otro demasiado, considerándolo debilidad y condescendencia irresponsables, que no hacen sino despertar el deseo de concesiones mayores. Así se deduce palpablemente de los infinitos debates de todos los parlamentos, mediante los que se crean leyes e instituciones siempre nuevas sin que se consiga la tranquilidad y la satisfacción. Dentro de las propias clases dominantes existen contradicciones, en parte insalvables, que agudizan aún más las luchas sociales.

Los gobiernos –y, por cierto no sólo en Alemania– oscilan como caña al viento; tienen que apoyarse, pues sin apoyo no pueden existir, y de este modo se inclinan una vez de este lado y otra del otro. Casi en ningún Estado avanzado de Europa posee el Gobierno una mayoría parlamentaria duradera con la que pueda contar con seguridad. Las contradicciones sociales arruinan y disuelven las mayorías, y el curso siempre variable, especialmente en Alemania, mina el último resto de confianza en sí mismas que les queda a las clases dominantes. Hoy un partido es el yunque, otro el martillo, y mañana al revés. Uno arranca lo que otro construyó laboriosamente. La confusión es cada vez mayor, el descontento cada vez más persistente, las fricciones se acumulan y aumentan y arruinan en meses más fuerzas que antes en otros tantos años. Además, aumentan las demandas materiales en forma de distintos tributos e impuestos y deudas públicas crecen desmesuradamente.

viernes, 2 de octubre de 2020

Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre ideológica; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Nosotros cuando hemos comentado que RC no puede tener cabida dentro del antifascismo y debe ser rechazado –como ya ha sido vetado en varios lugares como universidades o agrupaciones antifascistas–, no es porque tenga unas concepciones erradas de cómo combatir al fascismo, ni porque sean unos revisionistas más del montón –ya que esto lo pueden reproducir varias corrientes y grupos–, sino porque han sido denunciado sistemáticamente desde asociaciones vecinales, feministas, organizaciones antifascistas, grupos revisionistas o exmilitantes por haber vertido calumnias y haber acosado hasta el punto de cometer agresiones. Esto no ha sido un episodio anecdótico, un error de algún jefe local, o algún malentendido, sino una constante desde su fundación y breve historia. Por tanto, consideramos que un grupo que pretende conquistar la confianza de los trabajadores a base de la intimidación y el terrorismo hacia otros colectivos o individuos, donde la violencia es su principal carta de presentación como «método de persuasión», no puede ser más que tachado de fascista, se presente bajo las siglas o símbolos que sean». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 2020)


Preámbulo

Desde 2016 hemos denunciado ideológicamente a la organización Reconstrucción Comunista (RC) por sus múltiples desviaciones, todo con el objetivo de evidenciar ante su militancia y el público en general el carácter antimarxista y oportunista de su cúpula y por ende la agrupación en su conjunto. 

En los últimos años, la dialéctica de los acontecimientos nos ha dejado ver diferentes fenómenos muy interesantes; teniendo que hacer especial hincapié en dos de ellos:

1) La organización cambia de parecer sobre temas ideológicos de importancia con una periodicidad alarmante, a la par que claman al cielo que los «principios vencen». Si sumamos esto a su cíclica pérdida de militantes que dejan tras de sí una serie de testimonios sobre el funcionamiento interno de la organización, podemos llegar a concluir que el número de personas serias a las que son capaces de embaucar no deja de disminuir. Esto es, pues, un excelente indicador de que RC está perdiendo el poco apoyo que alguna vez pudo tener entre los revolucionarios más avanzados. Por ende, la única conclusión lógica que se puede extraer de lo anterior es que a RC solo le queda aspirar a reponer sus pérdidas a partir de «levas masivas» formadas por los elementos más incautos, oportunistas o volubles, ya que sus actitudes no pillan de sorpresa a nadie un poco instruido.

2) Cada vez más militantes y exmilitantes se atreven a alzar la voz contra el líder de esta organización, Roberto Vaquero –alias Juan Mesana–, como se puede corroborar gracias a los testimonios que han salido a la luz. Del mismo modo, más asociaciones antifascistas de todo tipo repudian las actitudes de RC, lo que está haciendo que su presencia en ciertos espacios sea insostenible, pues la mayoría de grupos y organizaciones de izquierda consideran que RC es una organización más cercana a los fascistas de Hogar Social que a los verdaderos comunistas.

La publicación de varias cartas de exmilitantes de RC que habían sido ocultadas a la militancia y al público general desatarán una ola de polémica que clarificará la verdad sobre la historia de RC, a la que asistiremos gustosos como espectadores de lujo. Además, el «Equipo de Bitácora (M-L)» ha podido entrevistar personalmente a varios exmiembros de la organización, cuyas aportaciones, junto a la de las cartas ya citadas, no solo confirman lo dicho en nuestros documentos previos sobre RC, sino que suponen una gran ampliación de la información que podemos aportar. 

Huelga decir que el «Equipo de Bitácora (M-L)» no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus entrevistados ni por las cartas en cuestión, sino únicamente por sus propias palabras, que siempre estarán basadas en una crítica ideológica y nunca personal. A nosotros nos es indiferente la persona de Roberto Vaquero, pero no tendremos piedad con el aspirante a político demagogo, ni con el charlatán que pretende vivir a costa de los demás en nombre del comunismo. 

martes, 8 de septiembre de 2020

La teoría del «precariado» y el «rol revolucionario» del «lumpen» según Podemos...


«Entre las teorías socio-económicas que se manejan en Podemos, está la famosa teoría del «precariado», la cual trata de negar en nuestra época la existencia del proletariado como clase social, con las evidentes consecuencias político-ideológicas que se derivarían de dicho hecho tan transcendental. Esto no es casual.

Unos han intentado negar la existencia del proletariado como clase:

«Si los revisionistas e ideólogos modernos de la burguesía cambian el nombre del proletariado, no es sin un propósito determinado. No se trata aquí de una cuestión de mera denominación, sino de la negación de la imperiosa necesidad de derrocar las relaciones sociales mediante la revolución, mediante la violencia. Los revisionistas son conscientes de que si hablamos del proletariado, cuando este último, bajo el capitalismo, solo posee la fuerza de sus brazos, lógicamente se deduciría que debe luchar contra sus explotadores y sus opresores, que debe romper sus cadenas. Es precisamente esta lucha, dirigida a la destrucción completa del antiguo poder del capital, lo que aterroriza a la burguesía. Al negar la existencia del proletariado como la principal fuerza revolucionaria de la sociedad y el sepulturero del capitalismo, los revisionistas también quieren allanar el camino para otras tesis antimarxistas. Mientras no haya proletariado tampoco puede haber dictadura del proletariado. Sobre este problema clave de la teoría del socialismo científico, de hecho, todos en el campo revisionista están alineados en las mismas posiciones». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

sábado, 15 de agosto de 2020

Sin expulsar y aniquilar el oportunismo, sería absurdo pensar siquiera en el poder para el proletariado...


«Una de las condiciones precisas para que el proletariado pueda prepararse para su victoria es la lucha prolongada, tenaz e implacable contra el oportunismo, contra el reformismo, contra el socialchovinismo y demás influencias y corrientes burguesas, inevitables por cuanto el proletariado actúa en un ambiente capitalista. Si no se libra esa lucha, si no se consigue previamente una victoria total sobre el oportunismo en el movimiento obrero, no cabe ni hablar siquiera de dictadura del proletariado. El bolchevismo no habría derrotado a la burguesía en 1917-1919 si no hubiese aprendido antes –de 1903 a 1917– a derrotar y a expulsar implacablemente del partido de la vanguardia proletaria a los mencheviques, es decir, a los oportunistas, a los reformistas, a los socialchovinistas. Y cuando hoy los líderes de los «independientes» alemanes o los longuetistas franceses y otros por el estilo, que de hecho siguen su vieja y habitual política de concesiones y concesioncillas al oportunismo, de transigencias con él, de servilismo rastrero ante los prejuicios de la democracia burguesa. (...) Reconocen verbalmente la dictadura del proletariado, se engañan muy peligrosamente a sí mismos o engañan simplemente a los obreros». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las elecciones a la asamblea constituyente y la dictadura del proletariado, 1919)

sábado, 11 de julio de 2020

Algunas notas sobre el nacionalismo de izquierda catalán; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Ahora hagamos una profunda radiografía de las organizaciones presuntamente más a la izquierda en Cataluña.

Candidatura de Unidad Popular (CUP)

Es lo más similar al «partido» que existe en la izquierda independentista, sólo que funciona a la inversa. Las organizaciones que veremos a continuación tienen capacidad de voto en la CUP, y las diferentes líneas ideológicas de las mismas confluyen en el seno de la organización. Por ende, la CUP, su ejecutiva y sus militantes de base ejercen un control ideológico y de dirección mínimo sobre el resto de organizaciones, siendo que, a la hora de tomar decisiones cruciales, se suelen imponer las líneas de las demás organizaciones por encima de las del propio partido. Esto ha llevado a la CUP a tomar decisiones que podríamos calificar, como mínimo, de dudosas. 

[Nota: El caso paradigmático es la votación interna en que se decidió si el partido se presentaría a las elecciones generales el 10 de noviembre de 2019. Con tal de evitar que ganara el «no» la votación fue «a puerta cerrada», es decir, contando únicamente con las bases y «cuadros» de la CUP, e impidiendo votar a las demás organizaciones. Como esto va en contra de los propios estatutos del partido, la votación se realizó sin avisar a las demás organizaciones que deberían haber participado. La mayoría de organizaciones de la izquierda independentista estaban en contra de presentarse a las elecciones generales del 10-N. La justificación, sin embargo, no surgió de un análisis de la correlación de fuerzas con conclusiones negativas. Las reservas de la izquierda independentista se debían a que presentarse a las elecciones generales era, en realidad, legitimar un estado que, en su imaginario, está perdiendo cada vez más poder en Cataluña.] 

Así que, en resumidas cuentas, tenemos que más que un partido director, la CUP es el punto de convergencia teórico y práctico de toda la izquierda independentista, incapaz de asumir el control, incapaz de establecer una línea y operando, las más de las veces, ya no como un partido burgués, sino como un frente de masas. 

Coordinadora Obrera Sindical (COS) 

Es, de los dos sindicatos que forman parte de la izquierda independentista, el más cercano a Endavant. Es un sindicato minoritario, pero suele adquirir posiciones más radicales, siendo más cercano en sus posiciones a CNT y CGT que a UGT y CCOO. Tiene una presencia notable entre los trabajadores de Transportes Metropolitanos de Barcelona y, muy especialmente, en el Cuerpo de Bomberos. 

miércoles, 8 de julio de 2020

¿Existe una «vía masculina» revolucionaria, y una «vía femenina» reformista de hacer política como asegura Pablo Iglesias?


[Post publicado originalmente en 2017]

«@MonederoJC: Llevamos mucho tiempo recordando que necesitamos una matria. La patria –de «patrimonio», los bienes vinculados al pater familias– reclama la virilidad del patriarcado. La patria te lleva a la guerra, te hace desfilar. La matria te cuida y responsabiliza. @Yolanda_Diaz_acierta». (Twitter; Juan Carlos Monedero, 17 jul. 2021)

Aprovechando la ola del feminismo, esta «nueva izquierda» afirma ser partidaria de una «noción femenina de las cosas», tanto para las más cotidianas como las más importantes, bien sea para necesidades materiales como para las de mayor índole espiritual. Una de las ideas más estúpidas que ha calado hondamente entre las filas de Podemos –hasta convertirla en un dogma visible– ha sido el aceptar una teoría social repleta de misticismo sobre el papel benévolo que casi siempre habría jugado la mujer en la historia, y no solo eso, sino que también habrían descubierto, en su profundo saber histórico, la «especial sensibilidad» para conocer y sentir (sic) de la mujer. Según aseveran, desligados de las «antiguas creencias y ataduras», esta es la «nueva óptica moderna» desde la cual debemos observar todo si queremos transformar el mundo y a nosotros mismos. De esa forma, pareciera que la mujer en abstracto, como ser inmaculado, tuviera un «sexto sentido» para abordar las cosas de la vida, uno el cual quién sabe por qué razón el varón no logró desarrollar nunca, siendo este último casi que un lamentable error en las postrimerías de la «Biblia del Feminismo». Entre tanto, este «movimiento transversal» hace mucho que izó velas y ha surcado los mares rebosando sapiencia por doquier. De su largo trayecto aseguran haber logrado traernos como «botín» las mejores virtudes desarrolladas por el ser humano a lo largo de su dilatado periplo por La Tierra, y creen, ¡faltaría más!, que esto ha sido gracias al ingenio y bondad de la mujer, por lo que se han esforzado por esquivar en todo momento el mal encarado oleaje de la «ciencia patriarcal», etiqueta que ponen a cualquier movimiento, teoría o personaje que contradiga sus filias ideológicas y sus figuras fetiche. Esta, en resumidas cuentas, es su visión del mundo, aunque el lector podrá encontrar más información en otros lugares de nuestro medio. Véase el capítulo: «¿Vivimos en un patriarcado?» de 2021.

domingo, 5 de julio de 2020

Carta de Cese de militancia del Partido Comunista de España (marxista-leninista) en Elche; 2020

El siguiente anexo es una carta que nos han hecho llegar un militante de Elche durante finales de junio de 2020. En ella se relata lo que supuso para él la documentación de Bitácora (M-L) para conocer la historia del viejo PCE (m-l) y para confirmar la deriva revisionista de la organización que hoy porta sus siglas. 

Siempre es interesante conocer y exponer al público cómo actúan en privado las organizaciones revisionistas a todos los niveles: nacional, regional y local, y en este caso la carta es sumamente interesante por ciertos detalles particulares sobre la forma de proceder de su antigua dirección. 

Como ya advertimos, por el propio carácter ecléctico de este tipo de organizaciones, el fraccionalismo y la escisión son fenómenos asegurados, nuestra crítica muestra al público su podredumbre interna y agudiza lo que ya es un hecho. 

Como ya ocurrió con otros documentos similares como pudo ser en su momento el referido al PCE (r) o a RC, se confirma una vez más que la crítica argumentada y científica siempre tiene eco entre los elementos honestos, los verdaderos destinatarios de nuestro trabajo. Pero como sabemos, salir de ese tipo de organizaciones retardarias es el primer paso, pero no el único:

«No queremos que se nos malinterprete en esta cuestión. No estamos diciendo que los elementos que hayan militado parte o gran parte de su vida en organizaciones revisionistas están condenados de por vida. No, el haber mantenido posturas ajenas al marxismo o el haber militado en organizaciones no marxistas es un proceso lógico que puede ocurrir en el desarrollo dialéctico de la vida, formación y maduración de un revolucionario desde sus inicios hasta que toma consciencia real y total de las cosas, y de ello dependen varios factores como el origen social, el contexto cultural del individuo, el ambiente en que se desarrolla, y los rasgos de personalidad que porta, que puede hacer que ese viraje sea más corto o más largo, tenga más ziz zags o menos. Pero tampoco nos equivoquemos, el mero hecho de separarse de un partido revisionista no significa que seas un verdadero marxista-leninista. Tal elemento debe realizar una autocrítica y examinar las razones de su salida; y si es motivada por razones de incompatibilidad ideológica debe preguntarse por qué ha militado entonces en esa organización; en caso de darse cuenta de esa incompatibilidad ideológica tiempo después de entrar a militar en dicho partido revisionista, entonces debe exponer qué es lo que ha llevado a dicho elemento a discrepar de la línea política revisionista de su partido; si finalmente se ha comprendido y expuesto correctamente el carácter revisionista de su vieja organización, debe demostrar en la práctica que no tolerará caer en el mismo lodazal de nuevo; del mismo modo que no debe obsesionarse ni dejarse deslumbrar con las desviaciones y corriente revisionista de su vieja organización, sino también estudiar y comprender el resto de desviaciones y corrientes revisionistas, así como ser consecuentes y exponerlas en igual medida». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 2017)

En consecuencia:

«Por ello es del todo estúpido teorizar que los comunistas deben absorber automáticamente las escisiones que se dan y se seguirán dando en estas agrupaciones. Todo lo contrario: se debe tener especial cuidado, ya que la mayoría de sujetos que abandonan estas organizaciones lo hacen por cuestiones personales o por cuestiones ideológicas mínimas que no le llevan a una ruptura plena con el lugar de donde proceden. (…) Esto significa que, si realmente han roto con ellas por cuestiones de principios ideológicos, tendrán que autocriticarse sin sentimentalismos que valgan y adherirse, finalmente, a la línea comunista sin excusas de ningún tipo. Si no es así, solo podemos decir que no pasarán nunca de ser, a lo sumo, meros simpatizantes y, quizá, de aliados en alguna cuestión determinada de los comunistas, pero nada más». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)

Nota: Hemos reformulado el estilo estético de su escritura a nuestro formato.

El documento:


«Antes de desarrollar los motivos de mi salida de la Juventud Comunista de España (marxista-leninista) y el Partido Comunista de España (marxista-leninista), me gustaría recalcar que estos son puramente ideológicos. Quien me conoce sabe de sobra que no soy alguien a quien le mueva el ego ni el interés personal. Además, el camino fácil habría sido, evidentemente, hacerme un hueco en el partido y no romper mi status quo personal, teniendo en cuenta que durante mi militancia he podido conocer a personas que además de camaradas considero amigos.

No obstante, en sintonía con mis principios, que no son otros que los del marxismo-leninismo, considero que el PCE (m-l) se halla en la actualidad completamente alejado de lo que un día fue, habiendo abandonado hace tiempo –antes incluso de su refundación formal–, el campo del comunismo para adentrarse en el del revisionismo. 

Esta no es una decisión tomada de la noche a la mañana. Llevaba arrastrando dudas y contradicciones sobre la línea del partido desde hace más de un año. Aunque bien es cierto, y con total humildad y autocrítica, que tanto mis carencias formativas como el seguidismo y el amiguismo, me impedían dar el paso. Sin embargo, en los últimos meses estas contradicciones se han ido agudizando, llevándome a las conclusiones que motivan mi salida y que a continuación detallaré. He de subrayar la importancia que me supuso estos meses la lectura de los capítulos del documento del Equipo de Bitácora Marxista-Leninista: Ensayo sobre el auge y caída del PCE (m-l) de 2020, tanto para esclarecer las dudas que arrastraba como para darme cuenta de otros errores que no sólo desconocía, sino que en muchos casos profesaba. Aquí se expone una radiografía de más de 900 páginas, tanto del viejo PCE (m-l) como del actual, por lo que sobra decir que no existe una documentación tan exhaustiva del partido en ningún otro lado.

Cuando entré a la JCE (m-l), hace alrededor de tres años, no lo hice como consecuencia de un análisis político bien meditado. Por el contrario, esto ocurrió a raíz de una manifestación, donde nos «engacharon» a mi grupo de amigos y a mí. En aquel momento, mi formación política era prácticamente nula, por lo que hasta que esta no fue elevándose, no pude darme cuenta de que estaba en el lugar equivocado. Cabe decir, también, que mi crecimiento ideológico no ha sido, en esencia, fruto de las formaciones realizadas en mi célula, si no a través del aprendizaje individual. En mis aproximadamente 3 años de militancia, las formaciones han sido muy débiles, tanto por la cantidad como por la calidad. Apenas hemos avanzado y profundizado fuera de las obras más básicas, ni de estas formaciones se extraían conclusiones sólidas y realmente aplicables. Eran tratadas como algo prácticamente formal. De hecho, desde el pasado verano hasta el día de hoy, con suerte habremos tratado 2 pequeñas obras fuera de los documentos internos. Al respecto, asumo mi parte de responsabilidad mientras he sido militante, en cuanto a no haber sabido mejorar notablemente las formaciones de mi célula, pero lo fundamental aquí es que desde el Partido se debería llevar un control exhaustivo de las formaciones, carencias ideológicas –colectivas e individuales–, exigir rendir cuentas, etc., y esto es totalmente inexistente por parte del PCE (m-l), haciendo notar su nulo interés por lo ideológico y los principios.

Ha sido la lectura de las obras de Hoxha, Ódena, Lenin, etc., así como de los documentos del antiguo PCE (m-l) y de los artículos de Bitácora M-L, como ya he comentado, lo que me ha permitido avanzar. Obras que desde el partido se tapan, ignoran o se desvirtúan completamente.

Me gustaría hacer hincapié, por último antes de comenzar, en que las críticas que desarrollaré a continuación van dirigidas contra la cúpula del partido, que ha impuesto su línea. Soy perfectamente consciente de que hay un gran número de militantes honestos en el PCE (m-l), y más concretamente en su Juventud, que por unos motivos u otros se mantienen en la organización. Contra los primeros y por los segundos escribo esta carta.

sábado, 4 de julio de 2020

El oportunismo siempre parlotea de forma laxa y general, el marxismo expone con precisión concreta


«Los mencheviques y bundistas, que lamentablemente fueron apoyados por Trotski, quien no pertenece a ninguna fracción, lucharon con encono contra la inclusión de tales problemas en el temario del Congreso de Londres del POSDR. El ala oportunista de nuestro Partido, así como de otros partidos socialdemócratas, postulaba para el congreso un orden del día «práctico» y «concreto». Huía de los problemas «generales y amplios». Olvidaba que, en definitiva, una amplia política de principios es la única política práctica en realidad. (...) Los mencheviques no hacen crítica socialista de los partidos burgueses, pues calificar de democráticos burgueses a todos los partidos no proletarios de oposición no significa hacer crítica socialista ni mucho menos. Si ustedes no han mostrado los intereses de qué clases y en particular cuáles de los intereses predominantes en ese momento determinan la naturaleza de los distintos partidos y su política, entonces no han aplicado el marxismo en la práctica, han abandonado en la práctica la teoría de la lucha de clases. Entonces la expresión «democrático burgués» no es en boca de ustedes más que una platónica manifestación de respeto al marxismo, puesto que no relacionan su empleo con la identificación de cierto tipa ad liberalismo o democratismo con ciertos intereses egoístas de determinados sectores de la burguesía. (...) En efecto, ¡no es el término «democracia burguesa» lo que asusta a los liberales! Los asusta que se denuncie ante el pueblo a qué intereses materiales de qué clases poseedoras concretamente se reducen sus programas y frases liberales. Esto es lo esencial, y no el término «democracia burguesa». No aplica la doctrina de la lucha de clases quien se protege constantemente –como con el signo de la cruz– con el término «democracia burguesa», sino quien demuestra en los hechos en que se manifiesta concretamente el carácter burgués de un partido determinado. (...) Si el concepto de «democracia burguesa» sólo implica la condena de los extremismos del oportunismo y el revolucionarismo, entonces este concepto rebaja la doctrina marxista al ni el de una adocenada frase liberal. Al liberal no le asusta semejante utilización del concepto, pues, repetimos, no teme a los términos, sino al hecho. Puede aceptar un término que le es desagradable y «huele a marxismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Actitud hacia los partidos burgueses, 1907)

jueves, 4 de junio de 2020

Respondiendo a algunos comentarios del renegado Lorenzo Peña sobre Elena Ódena y el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Lorenzo Peña fue un dirigente clave del PCE (m-l) hasta 1972, momento en que abandonó la militancia por voluntad propia. 

En la actualidad, dentro del movimiento marxista-leninista solo algunos le conocen por sus memorias sobre sus años de militancia del PCE (m-l): «Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria» de 2010. A pesar de ser una obra con un gran número de datos y muy bien documentada en muchos pasajes, en otros puntos la labor de investigación brilla por su ausencia, mientras que la argumentación subjetiva y rencor personal alcanzan cuotas bochornosas para la desgracia del lector. En cuanto a los ataques válidos que realiza al PCE (m-l), suele olvidarse del papel fundamental que jugó a la hora de imponer y sostener la línea que ahora critica. Por el contrario, muchos otros ataques a la línea revolucionaria de entonces son fácilmente desmontables como veremos después, y su rechazo actual solo es una nueva certificación de que hace tiempo que cayó en posiciones socialdemócratas. 

La razón de este presente capítulo no es tanto la importancia y la transcendencia del pensamiento del señor Peña, sino que queremos usar su obra como un apéndice para que el lector vea y compare. Pronto observará que las críticas oportunistas a los principios revolucionarios suelen ser iguales provengan de donde provengan.

Dicha obra no deja de ser un libro personal de autojustificación, un intento de alejar fantasmas pasados. La historia que nos cuenta recuerda demasiado a otros oportunistas que han escrito sus memorias –como sería el caso de su amado Georg Lukács sin ir más lejos–, esto vendría a ser: que si él nunca estuvo de acuerdo con esta decisión o esta otra, que si fue el único en quejarse de esto o aquello, que la dirección no quiso entrar en razón ante sus cabales meditaciones, o alude a que por razones de amor y confianza en el partido obedeció la directriz de la mayoría, pero que en el fondo no confiaba en que triunfase. Como decimos, el manido relato a posteriori del clásico oportunista.

Hay una cosa que el lector debe entender cuando lea los análisis que Lorenzo Peña vierte ahora sobre el PCE (m-l) y la historia del movimiento obrero internacional: se trata de un hombre que se reconoce como un renegado del marxismo.

«Yo sigo siendo comunista, aunque no marxista». (Lorenzo Peña; Aclaraciones sobre mis posiciones políticas, 1999)

sábado, 16 de mayo de 2020

Lo que algunos olvidan de Julio Anguita...

Pablo Iglesias y Julio Anguita, alumno y mentor

«Ya hemos hablado del origen de Podemos en su núcleo, pero habría que hablar de la periferia al núcleo fundador. ¿Pero por quienes han estado apadrinados estos líderes?

No cabe duda que Podemos ha venido a ser también la nueva apuesta del revisionismo que estaba en el ostracismo por voluntad o por obligación, ha sido una oportunidad no solo para el trotskismo marginal, sino también para personajes defenestrados.

Este es el caso de Julio Anguita, ex Secretario General del Partido Comunista de España (PCE) y líder de Izquierda Unida (IU) hasta 1998. ¿Y quién era este señor? 

Una parte del revisionismo reivindica eufórica la figura de Anguita como «aquel que restauró el leninismo» y «devolvió la gloria perdida al PCE». Algunos incluso citan como prueba la fusión en 1989 con parte del ala brezhnevista que anteriormente se había escindido del PCE con Ignacio Gallego a la cabeza formando el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE). Pero esto no pasó de ser uniones y desuniones entre viejos dinosaurios del revisionismo, entre agrupaciones ya intrascendentes.

Aquí lo importante es comprende que Anguita jamás vio nada incompatible entre el carrillismo y el leninismo:


«Julio Anguita: Yo leí «Eurocomunismo y Estado» [De Carrillo, publicada en 1977] y entonces no noté allí nada que tuviese entidad propia. A mí el partido me había enseñado que el socialismo es libertad, que luchábamos por la democracia, de modo que «Eurocomunismo y Estado» no venía a contarme nada nuevo». (Juan Andrade Blanco; Atraco a la memoria: Recorrido histórico por la vida de Julio Anguita, 2015)

jueves, 2 de enero de 2020

Lenin sobre el oportunismo y el «radicalismo pasivo» hacia él


«Kautsky, la más alta autoridad de la II Internacional, es el ejemplo más típico y claro de cómo el reconocimiento verbal del marxismo ha llevado en la práctica a trasformarlo en «struvismo» o en «brentanismo». Plejánov nos ofrece otro ejemplo de ello. Mediante sofismas evidentes, se extirpa del marxismo su espíritu vivo y revolucionario, y se admite en él todo, excepto los medios revolucionarios de lucha y la propaganda y preparación de los mismos, así como la educación de las masas en ese sentido. Despreciando todo principio, Kautsky «concilia» la idea fundamental del socialchovinismo, la aceptación de la defensa de la patria en la guerra actual, con concesiones diplomáticas y ostensibles a la izquierda, tales como la abstención en la votación de los créditos de guerra, la actitud verbal en favor de la oposición, etc. Kautsky, que en 1909 escribió todo un libro sobre la inminencia de una época de revoluciones y sobre las relaciones entre la guerra y la revolución. Kautsky, que en 1912 firmó el manifiesto de Basilea sobre la utilización revolucionaria de la guerra que se avecinaba, ahora justifica y exalta el socialchovinismo por todos los medios y, como Plejánov, se une a la burguesía para ridiculizar toda idea de revolución, toda iniciativa en el sentido de una lucha revolucionaria directa.

La clase obrera no puede cumplir su misión revolucionaria universal sin librar una guerra implacable contra esa actitud de renegados, contra esa falta de principios, contra esa actitud servil hacia el oportunismo y contra ese increíble envilecimiento teórico del marxismo. El kautskismo no es fruto del azar, sino el producto social de las contradicciones de la II Internacional, de la combinación de la fidelidad verbal al marxismo con la sumisión, de hecho, al oportunismo.

Esta falsedad esencial del «kautskismo» se manifiesta de distintas formas en diferentes países. En Holanda, Roland Holst, a la vez que rechaza la idea de la defensa de la patria, aboga por la unidad con el partido de los oportunistas. En Rusia, Trotski, que también rechaza esa idea, defiende asimismo la unidad con el grupo oportunista y chovinista de Nasha Zariá. En Rumanía, Rakovski declara la guerra al oportunismo por considerarlo culpable de la bancarrota de la II Internacional, pero al mismo tiempo está dispuesto a admitir la legitimidad de la idea de la defensa de la patria. Todas estas no son más que manifestaciones del mal que los marxistas holandeses –Gorter y Pannekoek– han llamado el «radicalismo pasivo» y que se reduce a la suplantación del marxismo revolucionario por un eclecticismo en teoría, y por el servilismo o la impotencia ante el oportunismo en la práctica». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El socialismo y la guerra, 1915)

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Los años 90 y el «socialismo de mercado» como receta económica; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Como vimos en el capítulo: «La rehabilitación de corrientes y elementosrevisionistas superados: el castrismo y el tercermundismo». El apoyo directo o indirecto que los líderes del Partido Comunista de España (marxista-leninista) como Raúl Marco, Pablo Mayoral y Manuel Chivite daban a regímenes revisionistas como Cuba desde los 80, ya evidenciaba la degeneración ideológica que manifestaban. Significaba que los líderes supervivientes en la dirección eran oportunistas emboscados que esperaban el momento propicio para reconciliarse con lo que el partido combatía, o que simplemente se habían convertido en renegados, pues conocían sobradamente los lineamientos básicos de política y economía como para saber que estaban rehabilitando; y es que caer en el tercermundismo es ir al revisionismo de cabeza. Por otro lado, significaba que los nuevos cuadros que habían ascendido a la dirección no habían sido instruidos debidamente sobre conceptos básicos como «socialismo», «soberanía económica» o «antiimperialismo», por eso aceptaron de buen grado el bandazo de la dirección al promocionar a estos oportunistas internacionales como Fidel Castro.

Rehabilitar al castrismo, era también rehabilitar una corriente que seguía los lineamientos del mundo económico revisionista de la época como el «socialismo de mercado soviético», el «socialismo de mercado húngaro» o el «socialismo de mercado yugoslavo»… aceptando sus tesis como válidas. ¿Pero qué eran estos modelos en la praxis?:

miércoles, 13 de noviembre de 2019

El socialismo burgués o conservador


«Una parte de la burguesía desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa.

Se encuentran en este bando los economistas, los filántropos, los humanitarios, los que aspiran a mejorar la situación de las clases obreras, los organizadores de actos de beneficencia, las sociedades protectoras de animales, los promotores de campañas contra el alcoholismo, los predicadores y reformadores sociales de toda laya.

Pero, además, de este socialismo burgués han salido verdaderos sistemas doctrinales. Sirva de ejemplo la Filosofía de la miseria de Proudhon.

Los burgueses socialistas considerarían ideales las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que encierran. Su ideal es la sociedad existente, depurada de los elementos que la corroen y revolucionan: la burguesía sin el proletariado. Es natural que la burguesía se represente el mundo en que gobierna como el mejor de los mundos posibles. El socialismo burgués eleva esta idea consoladora a sistema o semisistema. Y al invitar al proletariado a que lo realice, tomando posesión de la nueva Jerusalén, lo que en realidad exige de él es que se avenga para siempre al actual sistema de sociedad, pero desterrando la deplorable idea que de él se forma.

Una segunda modalidad, aunque menos sistemática bastante más práctica, de socialismo, pretende ahuyentar a la clase obrera de todo movimiento revolucionario haciéndole ver que lo que a ella le interesa no son tales o cuales cambios políticos, sino simplemente determinadas mejoras en las condiciones materiales, económicas, de su vida. Claro está que este socialismo se cuida de no incluir entre los cambios que afectan a las «condiciones materiales de vida» la abolición del régimen burgués de producción, que sólo puede alcanzarse por la vía revolucionaria; sus aspiraciones se contraen a esas reformas administrativas que son conciliables con el actual régimen de producción y que, por tanto, no tocan para nada a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo sólo –en el mejor de los casos– para abaratar a la burguesía las costas de su reinado y sanearle el presupuesto.

Este socialismo burgués a que nos referimos, sólo encuentra expresión adecuada allí donde se convierte en mera figura retórica.

¡Pedimos el librecambio en interés de la clase obrera! ¡En interés de la clase obrera pedimos aranceles protectores! ¡Pedimos prisiones celulares en interés de la clase trabajadora! Hemos dado, por fin, con la suprema y única seria aspiración del socialismo burgués.

Todo el socialismo de la burguesía se reduce, en efecto, a una tesis y es que los burgueses lo son y deben seguir siéndolo... en interés de la clase trabajadora». (Karl Marx y Friedrich Engels; Manifiesto del partido comunista, 1848)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Un tiempo antes, Engels describiría esta tendencia, como una ideología basada en gente que:

«Consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos socialistas burgueses, puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir». (Fridrich Engels; Principios del comunismo, 1847)